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Aprender a tocar la guitarra sin leer partituras?

Foto del escritor: Sergio Adriá
Sergio Adriá
hace 4 horas
7 min de lectura

Cómo aprendí a tocar lo que enseño sin leer partituras: de la música folklórica de la bandurria al Método Paganini

Pues sí, empecé con una bandurria en la rondalla infantil de mi colegio.

Hoy voy a permitirme contar la historia del Método Paganini.

Con la bandurria también participé como músico en un grupo de danzas regionales. La verdad es que tocaba melodías con facilidad y disfrutaba de aquella música tradicional.

Mi profesor de música y el director del colegio recomendaron a mis padres que me llevaran a un conservatorio, pero mi familia no tenía esos planes. Así que continué aprendiendo por mi cuenta. Y me pasé a la guitarra.


Cuando quise aprender algo de guitarra fui a una tienda de música y me recomendaron un método de Dionisio Aguado (me consta que es un gran método). Yo no sabía leer música. Me pasé una semana descifrando el primer pentagrama, sin profesor y sin avanzar lo que esperaba. Como era de esperar acabé abandonando el libro.

Tenía ganas de tocar, pero la lectura de partituras se había convertido en una barrera infranqueable: me costaba leer las alturas y también las figuras.


Plan B

Compré algunos números de la revista Guitar Player y aprendí la pentatónica de La menor, algunos acordes y la escala mayor de Do.


De la bandurria recordaba un ejercicio de digitación para los dedos de la mano izquierda.


Con la guitarra fui aprendiendo La, Re y Mi mayores, Do, Sol, La menor y Re menor. Poco a poco conseguí colocar el Fa con cejilla.


Unas herramientas escasas, pero tenía muchas ganas de tocar.


Con la bandurria tocaba melodías fácilmente (trastes pequeños, dobles cuerdas, otra afinación y otro mundo), cuando aterricé en la guitarra era muy malo intentando tocar melodías. Todo era gigante (creo que por eso se me dio tan bien, a la larga, tocar más allá del traste 12).


Tenía pocos recursos pero los aproveché

La pentatónica me dio un terreno por el que empezar a moverme. Fui descubriendo relaciones entre posiciones del mástil: “Muy bien, ya sé que toco un acorde mayor con cejilla y puedo improvisar con notas de la pentatónica empezando por el dedo índice en la sexta que hacía de cejilla”.

También empecé a enlazar notas y añadir técnicas como el hammer-on entre notas de la pentatónica.


Componer y grabar mis propias canciones también hizo que evolucionara mi forma de tocar y en cada tema me proponía algo nuevo que quería dominar: slide de metal, pedal de distorsión, un acorde con quintas…


Tenía facilidad para sacar cosas de oído ya que aprendí así de niño, y también me gustaba improvisar. Eso me ayudó. No hay que tener miedo a tocar encima de un disco y “ver qué pasa”.


Acabando de practicar en 1988
Acabando de practicar en 1988

En 1987 entré en un grupo amateur de pop rock (era casi un juego) y en 1989 en otro de rock. En 1992 grabamos un disco e hicimos una gira de 25 conciertos. Ruta 66 publicó una reseña de media página en la que calificaba las guitarras de «exquisitas», eso me animó a dedicar horas y horas a mejorar con el instrumento.

Entre 1992 y 1995 no hice más que oír detenidamente discos, imitar, imitar, imitar e improvisar encima, cosa que fue imprescindible para seguir aprendiendo con las limitaciones de un autodidacta sin profesor.


Escuché a Yes, Dire Straits (sobre todo el disco Alchemy en directo), Eric Clapton, Police, Gary Moore, Stevie Ray Vaughan, Eagles, Lynyrd Skynyrd, Satriani y Steve Vai, que fueron, de alguna manera, profesores remotos sin saberlo. También Lou Reed, con el disco en directo Rock ’n’ Roll Animal. Pasaba horas intentando reproducir con la guitarra lo que estaba escuchando.


Lo que aprendí dando clases a principiantes

En 1991 empecé a dar clases particulares a principiantes. Algunos decían que se conformaban con tocar como yo. Pensé que podía enseñarles el recorrido que me había permitido avanzar y que, a lo mejor, les serviría como rampa para llegar más lejos.

Empezábamos por los acordes más fáciles, junto con ejercicios de digitación. Después trabajábamos los cambios de acordes e introducíamos la pentatónica. Más adelante alternábamos acordes con pequeñas frases (trocitos de la pentatónica) y añadíamos hammer-on, pull-off, bending y glissandos.

Los retos semanales quedaban grabados en una cinta y apuntados en tablatura para practicar en casa.


Impartiendo una clase con la Fender Stratocaster Japan en 1994
Impartiendo una clase con la Fender Stratocaster Japan en 1994

Pero lo que a mí me había servido no tenía por qué funcionar igual para todos. Había alumnas que solo querían aprender los acordes de sus canciones preferidas, alumnos interesados en ritmos de metal y otros que me pedían transcribir y enseñarles temas de su artista favorito.


Una de cal y otra de arena:

Yo intentaba ofrecerles un camino y, además, ayudarles con su propósito particular.

El proceso de enseñanza y aprendizaje consiste en buscar el punto en el que el alumno quiere aprender y el profesor puede enseñar. No es unidireccional. Sus intereses y sus dificultades también cambiaban mis clases, y eso lo aprendí con ellos, no en la universidad.

Los alumnos progresaban con los ejercicios, pero me encontré con otro muro. Incluso los alumnos más obedientes y más trabajadores que cumplían con todos los retos semanales necesitaban tocar canciones, lo pedían. Conseguir una posición o un cambio de acordes era gratificante, pero evidentemente todavía no hacía que se sintieran músicos.

Así que con el tiempo complementé lo que sí estaba funcionando, con canciones y con un andamiaje (un playback) que pudiera retirarse poco a poco. Tocábamos juntos. El alumno podía apoyarse en mi interpretación mientras ganaba soltura y confianza (tocando al principio cosas fáciles).


Entre 1991 y 1995 enseñé a unas treinta personas. Y fíjate, lo que me encontré trabajando con ellas fue lo que moldeó realmente el curso de guitarra. Yo había partido de mi experiencia y fueron las clases las que me obligaron a revisarla y adaptarla.


El escenario y el estudio

En 1995 se deshizo mi grupo. Empecé a tocar profesionalmente y no volví a dar clases particulares de guitarra.

Ese año, con una banda de blues, recibimos el premio a la mejor composición original en el festival de Rhythm & Blues del club Black Note de Valencia. El blues y su lenguaje me enganchó. Intenté que el solo de aquella canción fuera directo a tocar el alma del oyente, desgarrador.


Desde 1995 hasta 2002 trabajé también en una orquesta de verbenas.

Imagina un repertorio de 60 temas (de memoria, no estaban permitidos atriles) y unas 80 actuaciones, de 4 horas cada una, al año. Fueron un buen campo de experimentación y desarrollo, además de una forma de ganarme la vida mientras estudiaba en la universidad (entonces estudiaba Teleco).

Participé como endorser de VMB Española, en su división de sonido, en Intermusic, en Feria Valencia. Allí toqué junto al grupo temas como Sultans of Swing, The Wall, Hold the Line y Still Loving You delante de los profesionales del sector.

En 2006 comencé a tocar con los miembros de mi primera banda del 87. Montamos el grupo Nashtyness donde grabé el disco Start, como guitarrista y productor musical. El disco tuvo una reseña en Metal Hammer, estuvo tres semanas consecutivas en el número uno de la lista musical del diario 20 minutos y lo presentamos en FNAC Valencia y Barcelona.



Tuvo repercusión en revistas, webs y programas de rock como El vuelo del Fénix de Radio Nacional de España.



Entre 2002 y 2019 trabajé como músico de estudio y productor en ars studios. Seguí aprendiendo sobre todo al tocar, grabar y relacionarme con otros músicos en muchos proyectos discográficos.


Supongo que el manuscrito con el material didáctico de aquellas primeras clases de guitarra para guitarristas principiantes que fui recopilando en el 91 y 92 permaneció guardado en un cajón. Tal vez el tiempo justo.


Volver al método de guitarra en 2017

En 2015 volví a la universidad (nunca es tarde). Mientras estudiaba el Grado en Música en la Universidad Internacional de La Rioja hice un trabajo de formación online con gamificación para la asignatura de Pedagogía. Mi profesora lo puso como ejemplo y me animó a seguir por esa línea.

Aquello me llevó a recuperar el material del curso de guitarra de 1991. En 2017 le puse nombre a cada cosa, organicé los contenidos y los reordené con la experiencia de las clases, mi propia trayectoria y mis nuevos conocimientos adquiridos en los estudios superiores de música.

La secuenciación fue importante. Había que decidir qué introducir primero, qué necesitaba haber practicado el alumno antes de llegar al siguiente ejercicio y también cómo conectar los contenidos.


Último día de rodaje del Método Paganini en 2017
Último día de rodaje del Método Paganini en 2017

Ahora podía aprovechar unas posibilidades tecnológicas que no existían cuando grababa los deberes en una cinta.


Unos meses después, en 2018, la versión online del Método Paganini era una realidad.


Mostrar, escuchar y tocar

La explicación en vídeo permitía llevarse al profesor a cualquier lugar. Preparé gráficos animados, dedo a dedo, sobre fotografías del mástil, con una codificación por colores y números. El alumno podía recordar una posición sin necesidad de leer una tablatura.


Aun así, añadí tablatura y partitura en PDF para descargar. Quería que la escritura estuviera presente y que se pudiera ir reconociendo mientras se aprendía a tocar. No quería que se convirtiera en una barrera como me había ocurrido a mí en mis inicios.

Incorporé también vídeos con tablatura y partitura y un puntero de reproducción. Mientras suena el ejercicio, el alumno puede seguir cómo se escribe y dónde se toca en el mástil.


Añadí un botón de escucha, una referencia de cómo debe sonar bien ejecutado cada acorde.

Incluí la gamificación ilustraciones de copas (de ganador), sonidos de aplausos al terminar la lección e insignias de estrellas que se acumulan conforme se avanza.

Pero al final de cada lección está lo que yo considero el verdadero premio: tocar una canción con el profesor. Es una sorpresa cada semana y permite aplicar lo trabajado durante la lección. Aquella necesidad que había observado en mis primeros alumnos la tuve muy presente al organizar el curso online.

Paradójicamente en 2020, cuando miles de alumnos ya habían probado el curso, cerré la página mientras me recuperaba de una enfermedad.


Ya en 2026 estoy divulgando de nuevo el Método Paganini como curso totalmente gratuito.


Mecenazgo

También apoyo a músicos talentosos mediante grabaciones de estudio, vídeos de conciertos y videoclips.


Es curioso que, a veces, miro alguna de las fichas actuales y recuerdo las cintas y las tablaturas de aquellas clases. Sobre todo a Paco, Ricardo, Roger, Vero o Santi, algunos de mis alumnos presenciales. Esa experiencia tuvo mucho que ver con el curso que acabé organizando años después.


Ficha de una lección del Método Paganini
Ficha de una lección del Método Paganini

Sergio Adriá Bellver

Graduado en Música por UNIR

Productor e investigador musical en ars studios (Valencia-España).

 
 
 

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